Lamarck y las jirafas



Cuando en materia de evolución se menciona a Lamarck pensamos inmediatamente en jirafas estirando el cogote. En casi todos los libros de texto escolares, y también universitarios, éste aparece como “el” ejemplo de las ideas lamarckianas (justamente por eso no las repetiré acá). Lo llamativo es que en su libro, Filosofía Zoológica, publicado en 1909, Lamarck no les dedica a las jirafas ni un capítulo, ni siquiera varias páginas, sino apenas un breve párrafo:

“Relativamente a los hábitos, es curioso observar el producto en la forma particular y talla de la jirafa. Se sabe que este animal, el más alto de los mamíferos, vive en el interior de África, donde el hábitat árido y sin praderas lo obliga a ramonear de los árboles. De este hábito, sostenido por mucho tiempo, en todos los individuos de su raza, resultó que sus patas delanteras se han vuelto más largas que las de atrás, y que su cuello se ha alargado de tal manera, que el animal, sin alzarse sobre las patas traseras, levanta su cabeza y alcanza con ella a seis metros de altura.”


¿Tanta identificación con las jirafas por esto? Parece que sí. De hecho Lamarck le dedica mucha más atención y detalle a otros casos, como por ejemplo el de los perezosos. Pero no ahondaré en ese caso ahora; será tema de otra gragea.


Pablo Otero



Comentarios

  1. Lamarck y las abejas

    Todo lo que leí sobre Lamarck fueron textos burlones que sirven para reforzar las geniales ideas de Darwin. ¿Ningún aporte de Lamarck fue bueno? ¿Ni siquiera considerando el medio creacionista en el que desarrolló sus ideas?

    Alguien me contó -no sé si será cierto- que las abejas tienen el mismo ADN (bueno, no idéntico, se entiende, pero... en fin... eso...) pero que serán zánganos, obreras o reina según la comida que tengan a disposición. Esto es muy curioso, porque un cambio ambiental cambia la expresión genética a lo largo de la vida de un único individuo y eso era, más o menos, lo que sostenía Lamarck, ¿no?

    También leí por ahí o allá que la epigenética también podría responder a cambios ambientales. ¿Es cierto? Pero de epigenética entiendo menos que de abejas. Sólo sé que la primera no pica. Algún alma caritativa que haga luz en medio de mi oscuridad?

    Felicitaciones Pablo por rescatar el blog, una herramienta que, aunque me tachen de antiguo, me parece muy superior a las usuales.

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    Respuestas
    1. Es así Claudio, en general se ridiculiza a los científicos que se equivocaron en sus explicaciones, pero no se tiene en cuenta el contexto social, histórico y religioso en el que trabajaron.
      Lo que contás de las abejas es cierto y también es cierto que podemos modificar nuestro fenotipo mediante cambios en nuestros hábitos (ejercicios, dieta, etc.), pero esos cambios no son heredables; ahí reside la equivocación de Lamarck. Respecto de la epigenética da para otra entrada del blog, JA!

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